rescato este fragmento de un diario en el que me pregunto qué hará mi yo futuro (quien se siente ahora aludido) con todos los pensamientos que trazó, urdió, cartografió, imaginó keder en sus años de especular:
1.9.*9
~
Qué loquito.
Escribir todo lo que tengo, de golpe... quizá llegue el momento. De meterme bien en el fango
sistemático de estos pensamientos, como un juego.
Alguna vez pude hacerlo, quizá llegue el momento de nuevo. Lo hice a menudo, meterme de lleno,
con la intención de descubrir un territorio. Y así, lo que buscaba era la complejidad, para alcanzar
la ultracomplejidad. Ese fango es sólido, no sé dónde fundamentar esa certeza, pero quizá es ahí
donde se interrumpe la necesidad lógica, donde el circulo para. En la intención.
Pero como la facilidad para meterme en plancha y quedarme un rato dentro y sacarlo todo, se ha
detenido... tengo varias teorías, que quiero escribir. Me cansé de la complejidad. O tal vez...cuando vi todo su alcance, después de haberla buscado, necesité un descanso. El año ocho ha sido
simple, y un descanso para la mente. Ha sido fluido y vacío, en cierta manera. He estado,
ultracomplejamente, de vacaciones.
No sé si hay un universo inmediato en el que me desprendo de todas estas teorías y de todas estas
posibilidades, y las aparco y las olvido, y quedan como papeles de mi juventud en mi cocina o en
mi estantería o en mi mueble, quedan como papeles fríos y silenciosos, bien archivados, en mis
carpetas, en mi archivador, mientras yo sigo por la vida, como parece que sigue superficialmente
la vida, como un arrollo o un canal, adelante, siguiendo la corriente, encauzado por las
necesidades básicas de tener un trabajo, una casa, una compañía agradable, un gatito.
Ahora parece que todo se detiene de golpe.
Y me gustaría aprender a escribir.
He descansado, y ahora me vuelvo a todas estas complejidades y teorías que busqué y que
elaboré, y por una parte, cuando miro solo una, me parece que son poca cosa, pero al mismo
tiempo, no puedo pensar en todas ellas a la vez, como una cartografía cuyo territorio no puedo
recordar completamente al terminarla. Recorrerlo ¿es algo más que una fantasía? Eso me saca del
juego, y son inhibiciones del mundo sociocultural. No sé si yo he elegido ahora venir a estos
pensamientos y a estas inseguridades. Creo que he investigado bien las posibilidades, lo suficiente
para darme cuenta de que son infinitas y de que están a mi disposición. PEro lo que aún no he
asimilado [integrado, aprendido, interiorizado, comprendido] bien, es que el núcleo duro de este
barco es a dónde yo quiero ir. Puedo ir a donde me plazca. En definitiva, la clave de ese
aprendizaje es ...
Disfrutar.
[añado en 2025: ... y traer a otros a esos espacios]
comentario...
sí. Fin, sí, bienvendias sean las ideas, por su poder de hacernos viajar y de transportarnos. Ojalá encuentres las personas que diseñen contigo ese camino por el cual cobran relevancia para compartirse en un público amplio y que sostenga su propio movimiento, para que no tengas que dedicarte a ninguna otra cosa.
Sé a qué "teorías" te refieres, y entiendo por qué en ese momento solo hablas de la tentativa de zambullirte en ellas. Porque una vez descubiertas, ¿para qué vas a pasar más horas chapuceando en sus aguas y dibujando en sus arenas? Lo que más deseas es traer otras consciencias a esas playas, ver qué hacen los demás con las propuestas... y sobre todo, comprobar si son válidas.
Las "ultracomplejidad", las "escalas", la "canción de los 11". No lo sé decir aún, cuánto de compartibles son ahora mismo.
Ahí están, como tú has dicho, más o menos bien archivadas en una estantería, en estado latente. Estoy en el proceso de hacer llegar mis textos a las voces de los demás, y hay grupos de personas dispuestos a hacerlos sonar. Eso es muy emocionante y quiero continuar haciéndolo, no solo con las cosas que voy creando, sino con las que ya hemos creado.
No sé cómo de compartibles son, pero confío en que he guardado los suficientes recursos como para reconstruirlas y dotarlas de sentido. Aunque eso también depende del contexto. Como sea, espero que este "armazón teórico", esta amalgama de ideas que hemos montado durante todos estos años de ensueño intelectual esté ahí independientemente de las construcciones que ya hemos formulado. Pienso al decir eso que me equivoco, que las escalas, la ultracomplejidad, los 11 son herramientas válidas, pero también quiero pensar que no tenemos que depender de ellas. No, vuelvo a sentir que me equivoco, les voy a dar toda mi fe, para que lleguen algún día al público.
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La canción de los 11 en realidad es un texto infinito.
Es el sonido de descubrir los sonidos de los significados, y los significados de los sonidos. Es el descubrimiento, o la continua sensación de descubrimiento de lo que nos rodea y lo que nos habita.
Me refiero a que no hay que buscar terminar un texto para compartirlo, ni hay que cerrarse a la posibilidad de que nazcan nuevos textos que pertenecen al mismo espíritu.
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De la creación de todos estos escritos que están surgiendo en agosto de dos mil veinticinco, esto de lo que hablamos aquí, el armazón teórico, podría muy bien ser como "el fundamento", la báse teórica.
Aunque también puede que esté flipando, o que le falten piezas. De seguro le faltan aún piezas para completarlo, complementarlo, hay cosas que surgen y son descubrimientos no solo subjetivos sino que se convierten en conceptos que albergan una parte importante de mensaje, como recientemente la "orilla". Conceptos que tienen una validez para un momento determinado y son como una poesía que representa y consolida un sentimiento y permite vivir de forma autónoma el significado de los días en este mundo exigente. Y flipar, por supuesto que estaré flipando, pero precisamente se trata de eso, de hacerlo bien y de implicar a otros en ello.